Resiliencia

Por:  Maria Elena Sánchez

Era 2020. La pandemia nos había encerrado, y encima de eso, el cielo se nos cayó en pedazos.

Recuerdo el cielo. No era azul, ni siquiera gris común. Era un gris amarillento, espeso, como si el aire mismo hubiera decidido volverse sólido. Era el polvo del Sahara, esa nube inmensa que cruzó el océano y nos cubrió a todos durante semanas. Salías a la calle y sentías la tierra en la garganta, en los ojos, en el pelo. El mundo parecía haberse cubierto con una sábana de arena.

Yo estaba en medio de eso. Mi carrera como traductora y guía turística en pausa sin saber hasta cuando, sin saber muy bien qué hacer y a que dedicaría mi vida y como ganar dinero para mantener a mi familia. No podía salir. No podía respirar tranquilo. No podía prever qué iba a pasar mañana. No podía controlar nada.

La sensación era de IMPOTENCIA

Y sin embargo, algo dentro de mí se negaba a quedarse quieto. No era valentía. No era optimismo. Era algo más pequeño, más terco, más silencioso. Era la necesidad de SOBREVIVIR de encontrar un camino, de HACER ALGO

Así nació Reina Maria Cosmetica. No nació de un plan de negocios. No nació de una visión clara del futuro. Nació de la imposibilidad de quedarme quieta mientras el mundo se cubría de polvo.

Lo que aprendí sobre la resiliencia

Durante años pensé que la resiliencia era aguantar. Era «poner la otra mejilla» ante la vida, era sonreír cuando todo salía mal, era ser fuerte cuando todos se derrumbaban.

Pero la resiliencia no es eso.

La resiliencia es hacer algo pequeño cuando no puedes hacer nada grande. Es mezclar ingredientes cuando no puedes salir a la calle. Es hacer un jabón cuando no sabes si mañana habrá luz. Es seguir produciendo cuando la inflación te come los márgenes y el transporte se vuelve un lujo.

La resiliencia no es no caer. Es caer, levantarte, y volver a empezar, aunque sea más lento, aunque sea con menos, aunque sea con miedo.

Y sobre todo, la resiliencia no es individual.

Hoy, seis años después

Hoy el cielo además de cubierto de polvo del Sahara, está cubierto de apagones. Hoy no hay una pandemia que nos encierre, pero hay una crisis que nos asfixia. Hoy no es el virus, es la inflación, la escasez, el estrés crónico, la sensación de que cada día es una batalla contra lo imposible.

Y la sensación de «IMPOTENCIA » volvió.

Pero esta vez algo es diferente. Pero esta vez no soy la misma mujer que no sabía qué hacer. Esta vez se que puedo ofrecer AMOR Y SERVICIO

Esta vez sé que alguien va a necesitar crema para la piel reseca por el polvo. Sé que alguien va a necesitar jabón de azufre. Sé que la sarna atípica y la gripe vienen con este polvo, y que hay personas que necesitaran algo para aliviar el cuerpo, para proteger la piel, para respirar un poco mejor.

Esta vez no tengo la sensación de «no poder». Tengo la certeza de que puedo hacer algo.

Puedo mezclar los ingredientes. Puedo formular el jabón. Puedo preparar la crema. Puedo ofrecer algo que alivie, que proteja, que cuide.

Y eso, eso es resiliencia. No es aguantar. No es sonreír ante la adversidad. Es tener el oficio, tener las manos, tener el conocimiento, y usarlo para ayudar a otros cuando el mundo se vuelve difícil.

La resiliencia es colectiva

Si algo me enseñó la pandemia, el polvo del Sahara y estos años de crisis, es que la resiliencia no es un acto de heroísmo individual. Es un acto de comunidad.

Es elegirnos, una y otra vez, en los días oscuros y en los que hay un poco de luz.

Es saber que no tenemos que ser iguales para ser una. Solo tenemos que estar dispuestas a sostenernos.

Hoy, cuando miro atrás, no veo una historia de éxito. Veo una historia de supervivencia. Veo manos que siguieron trabajando aunque el mundo se cubriera de polvo. Veo una mujer que no podía, pero que hizo algo pequeño a pesar de todo. Y veo a muchas otras mujeres haciendo lo mismo, cada una en su rincón, cada una con su lucha, pero ahora, por fin, conectadas.

La resiliencia no es no caer. Es caer, levantarse, y tenderle la mano a la que está al lado para que también se levante. Y eso, eso es lo que somos.

Reina Maria Cosmetica nació en medio de una pandemia, bajo un cielo cubierto de polvo. Hoy sigue en pie, no porque sea fuerte, sino porque aprendió que no tiene que serlo sola. Y hoy, mientras el polvo del Sahara vuelve a cubrirnos, seguimos haciendo jabón, seguimos haciendo crema, seguimos haciendo lo que sabemos hacer: CUIDAR.

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